Cuando Adán salió del Bar "Taurinos" y como si hubiera viajado a través del tiempo y el espacio, se dio cuenta que se encontraba ya frente a su casa. "Pinche color naranja" pensó al ver como la fachada resaltaba entre las demás de la Unidad Habitacional donde vivía. Apagó el motor, se dejó caer sobre el asiento y permaneció ahí un par de minutos. Abrió lentamente la puerta de su coche, salió y dando un fuerte portazo cerró el vehículo y camino tambaleando hacia la puerta de entrada de la "maison d'Orange". Se detuvo, buscó entre las bolsas de su pantalón las llaves. Entonces, con mucho cuidado, con la precisión que busca un neo cirujano su primer trazo con el bisturí, así Adán metió la llave y giró cautelosamente para abrir la puerta.
La casa oscura, todo estaba apagado. Adán cerró la puerta y caminó cuidadoso cruzando el recibidor, la pequeña sala iluminada por la luz que se colaba por la ventana de la cocina hasta un angosto pasillo oscuro. Al final topándose con la puerta entreabierta de su habitación se detuvo. Vio entre la cama, bañada por la luz de la luna mientras dormía a su esposa. Respiraba suavemente, parecía una bella postal de un magnifico comercial de colchones que invita a dormir. Adán sonrío. Entró casi flotando a la habitación, se quitó los zapatos y se dirigió hacia el lado vacío de la cama que lo esperaba. Se desabrochó el pantalón para quitárselo al igual que su camisa; dejó su ropa en el piso suspiró y como un impulso que trata de hacer daño se dejó caer en su lado de la cama. Bruscamente se acomodó tomando parte de las sábanas y se dispuso a dormir.
Rebeca con lágrimas en los ojos trata de contener la respiración y ve fijamente hacia la ventana, donde la oscuridad de la noche es más clara y suave que el turbio acto de la llegada de su esposo.
Así es como lo hace un profesional...
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